La resina no era ámbar, sino del mismo tono que el cielo antes de la Gran Fractura. Al tocarla con la sonda, una imagen se proyectó sobre la superficie del cristal más cercano: un bosque verde, cielos azules y una mujer que se parecía extrañamente a Elara, sonriendo bajo un sol de verdad.
Kaelen comprendió entonces que el cielo esquirlado no era una barrera, sino un espejo roto de lo que el mundo fue, y que cada pieza que caía era un recuerdo que Esc Helena Pinen intentaba devolver a la tierra, pedazo a pedazo, aunque en el proceso los matara a todos. Bajo El Esquirlado Cielo De Esc Helena Pinen ...
Cuando el sonido regresó, Kaelen se levantó, temblando. Donde antes había una duna, ahora había un tajo perfecto en el suelo, y dentro de la grieta, algo brillaba con una luz dorada y espesa. La resina no era ámbar, sino del mismo
Elara caminaba unos metros por delante, su capa andrajosa ondeando en un viento que no movía la arena, sino que vibraba en los dientes. Eran buscadores de "eco-resina", la única sustancia capaz de sellar las brechas en las cúpulas de la ciudad subterránea. Esc Helena Pinen era un cementerio planetario, pero para los supervivientes, era una mina de oro y muerte. Cuando el sonido regresó, Kaelen se levantó, temblando
Kaelen ajustó la válvula de su respirador mientras caminaba por la duna de sílice. Cada paso sonaba como cristales rotos bajo sus botas de cuero reforzado. Sabía que no debía mirar hacia arriba por demasiado tiempo; el "esquirlado" tenía una forma hipnótica de fracturar la cordura de los hombres, proyectando visiones de futuros que nunca sucederían o pasados que dolían demasiado recordar.